Cuando se deprimía en las noches lluviosas de principios de Octubre, solía saltar el muro y pasear entre las vías del tren con las manos en los bolsillos. Cada vez que un tren pasaba, silbante y rápido, él sonreía por debajo de la protección de su abrigo. Le gustaba el escalofrío de la adrenalina, que recorría su espina dorsal y le llegaba hasta la punta de los dedos. También le gustaba imaginarse que algún pasajero había visto su reflejo y se había sobresaltado creyendo haber visto un fantasma. Porque, al fin y al cabo, en eso le gustaría transformarse. En un mísero espíritu errante por las vías del tren, sin sentimientos, sin recuerdos y, sobre todo, sin vida.
jueves, 19 de abril de 2012
miércoles, 18 de abril de 2012
Unlucky era un perro medio lobo. Su padre había sido un fuerte y gran lobo que se había impuesto a los débiles y hambrientos perros. Su madre, un husky siberiano magnífico. Su pelaje relucía, sus ojos brillaban de vida y su inteligencia impresionaba. Al verla parecía que brillaba por sí sola. Unlucky, un mestizo condenado al odio de la gente de la ciudad debido a que por su sangre corrían aullidos en noches de luna llena, fue el único sobreviviente al parto de una camada de seis preciosos cachorros. Los encontramos, a él y a su madre llena de magulladuras de la última paliza del bastardo que estuvo a su cargo, atados a un poste de electricidad de las afueras. Unlucky se alimentaba de la leche de su madre con los cadáveres de sus hermanos esparcidos a su alrededor. Su madre tenía un estado de desnutrición bastante avanzado cuando los encontramos. No fue posible salvarla. Pero a Unlucky sí. Hubiese sido mejor para él el final de sus hermanos, pero no tuvo esa suerte. La gente lo miraba con asco y aprensión por la calle e intentaban no pisar por donde él lo hacía.
Murió la noche que me encontró a mí. Murió por la razón que lo hubiese hecho yo de no ser por él. Fue el primero en encontrarme en medio de tanto hielo. Me rastreó y corrió kilómetros. Se me acercó mansamente. Noté su cálido aliento en mi gélida cara, sus ojos azules clavados en los míos y sus fuertes latidos al lado de los míos, lentos y débiles, como intentando compensarlo. Era como algo irreal. Me dio un golpecito con el hocico en la mejilla y luego se hizo un ovillo, apretujado a mí. Con manos temblorosas me agarré con fuerza a su suave y denso pelaje, me sentí protegida y dejé que por fin mis ojos se cerraran sin miedo a que nunca más se abrieran. Desperté en una camilla de hospital. No habría sobrevivido aquella noche de no ser por Unlucky. De alguna forma, me dio su vida. Como si hubiésemos hecho un escalofriante trato con el diablo. Unlucky se sacrificó por mí. Y le estaré eternamente agradecida.
martes, 17 de abril de 2012
Ella le ama en silencio. Pero le ama por encima de todas las cosas y eso es lo importante. Pero ella se siente triste a menudo. Porque sabe que no es correspondida. Por eso le ama en silencio. Para no hacer daño a más gente aparte de sí misma. Le ama en silencio. Todos los días del año. A todas horas. Sufre. Sin hablarle a nadie de su dolor. Solo le ama en silencio.
Ella suele pedir en el silencio de su cuarto una vía de escape. Mientras nota como las lágrimas bajan precipitadamente por sus mejillas. Pero ella sigue sentada en el suelo, dejando que su rostro se humedezca y que las lágrimas sigan cayendo una a una. En silencio. Y su mente es un caos llena de gritos y desesperación. Pero por fuera está tranquila. Y ella cree que eso es lo importante. Mientras que por fuera aparente no tener corazón, no se lo romperán.
jueves, 12 de abril de 2012
martes, 10 de abril de 2012
A veces ella se siente como si su vida fuera una gran tormenta. Oscura, gris, impredecible y deprimente. Es difícil salir de ahí y no puede hacer nada por cambiarla. Pero aunque viva entre nubarrones a veces aparecen relámpagos que animan la tormenta y le dan rayos de luz. Eso es lo único que la anima a esperar a que se vayan los nubarrones.
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